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Mariana Elizabeth Curtiss

May 8, 1958 — July 2, 2026

Wellington, Florida

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In Loving Memory of

Mariana Elizabeth Curtiss

May 8, 1958 – July 2, 2026

Mariana Elizabeth Curtiss wore many hats. She was a devoted wife, loving daughter, cherished sister, beloved mother, treasured grandmother, caring aunt, and wonderful friend. While our hearts are broken, we are forever grateful for the incredible gift of having known and loved her.

Mariana was a shining light whose warmth, kindness, and joyful spirit touched everyone she met. She was always smiling, always positive, and always able to make others feel welcome. Her contagious laugh could brighten any room, and her beautiful heart left a lasting impression on everyone fortunate enough to know her.

She believed life was meant to be celebrated. Whether it was a holiday, a family gathering, or simply an ordinary day, Mariana was happiest surrounded by the people she loved, often with a glass of wine in her hand and a smile on her face. She loved to dance and was always the first to get everyone on the dance floor, bringing joy and laughter wherever she went. She reminded us often to "Enjoy every moment," and she lived those words each and every day.

Mariana loved to travel and experience new places, but one of her favorite sayings captured what mattered most to her: "The most important thing is the company." For her, it was never really about the destination—it was about sharing the journey and creating memories with the people she loved.

Above all, Mariana was the heart of her family. She was its rock, its glue, and its greatest source of strength. She loved unconditionally, gave selflessly, and was always there with encouragement, wisdom, and open arms.

She was the beloved wife of Steven Curtiss and a devoted mother to Carlos, Edwin, and Anna. She treasured every moment spent with her children and filled their lives with love, laughter, and guidance. Whenever they needed her, she was only a plane ride away. Whether it was to celebrate a holiday, help host a family gathering, or simply be there during life's most difficult moments, she never hesitated to come. Her presence alone had a way of bringing comfort, strength, and peace.

Nothing brought Mariana greater joy than being an abuela. She adored her grandchildren, Sofia, Isla, and Joseph. To Sofia and Isla, she was lovingly known as "Abuela," and to Joseph, she was simply "Abu." She cherished every hug, every laugh, every milestone, and every moment spent with them. Her love for them was immeasurable, and the memories she created with them will remain in their hearts forever. Through them, her love, warmth, and joyful spirit will continue to live on.

Her faith was the foundation of her life. She often said, "Primero Dios," trusting that God's plan was greater than her own. Though it is difficult to understand her passing, we find comfort in believing she is now at peace, smiling once again in the presence of the Lord she loved so deeply.

Mariana taught us to cherish every moment, celebrate life's blessings, put family first, and love without reservation. Her kindness, generosity, and unwavering devotion to those she loved are the legacy she leaves behind. While her absence leaves an immeasurable void, her spirit will continue to guide us, and her love will remain in our hearts forever.

She will be deeply missed, forever loved, and never forgotten.

"The most important thing is the company."

En Memoria de

Mariana Elizabeth Curtiss

8 de Mayo de 1958 – 2 de Julio de 2026

Mariana Elizabeth Curtiss desempeñó muchos roles a lo largo de su vida. Fue una esposa dedicada, una hija amorosa, una hermana querida, una madre ejemplar, una abuela adorada, una tía cariñosa y una amiga maravillosa. Aunque nuestros corazones están llenos de tristeza, estaremos siempre agradecidos por el increíble regalo de haberla conocido y amado.

Mariana fue una luz brillante cuya calidez, bondad y espíritu alegre tocaron la vida de todos los que tuvieron la dicha de conocerla. Siempre estaba sonriendo, siempre positiva y siempre tenía la capacidad de hacer sentir bienvenidos a quienes la rodeaban. Su risa contagiosa podía iluminar cualquier lugar, y su hermoso corazón dejó una huella imborrable en todos los que tuvieron la fortuna de compartir su vida.

Ella creía que la vida estaba hecha para celebrarse. Ya fuera un día festivo, una reunión familiar o simplemente un día cualquiera, Mariana era más feliz cuando estaba rodeada de las personas que amaba, muchas veces con una copa de vino en la mano y una sonrisa en el rostro. Le encantaba bailar y siempre era la primera en llevar a todos a la pista, llenando cada momento de alegría y risas. A menudo nos recordaba “Disfruta cada momento,” y ella vivió esas palabras todos y cada uno de sus días.

A Mariana le encantaba viajar y conocer nuevos lugares, pero una de sus frases favoritas reflejaba lo que realmente era importante para ella: “Lo más importante es la compañía.” con quien uno pasaba. Para ella, nunca se trató realmente del destino, sino de compartir el camino y crear recuerdos con las personas que amaba.

Por encima de todo, Mariana era el corazón de su familia. Era su roca, el lazo que los mantenía unidos y su mayor fuente de fortaleza. Amó sin condiciones, dio de sí misma generosamente y siempre estuvo presente con palabras de ánimo, sabiduría y los brazos abiertos.

Fue la amada hija de Gabriel Toral Y Natalina Garcia, amada esposa de Steven Curtiss y una madre dedicada de Carlos, Edwin y Anna. Valoraba cada momento junto a sus hijos y llenó sus vidas de amor, risas y enseñanzas. Cuando ellos la necesitaban, ella estaba a solo un viaje en avión de distancia. Ya fuera para celebrar un día especial, ayudar a organizar una reunión familiar o simplemente acompañarlos en los momentos más difíciles de la vida, nunca dudó en estar presente. Su sola presencia tenía la capacidad de brindar consuelo, fortaleza y paz.

Nada llenaba más de alegría a Mariana que ser abuela. Adoraba a sus nietos, Sofia, Isla y Joseph. Para Sofia e Isla, era cariñosamente conocida como “Abuela,” y para Joseph era simplemente “Abu.” Disfrutaba cada abrazo, cada risa, cada logro y cada momento compartido con ellos. Su amor por ellos era inmenso, y los recuerdos que creó junto a ellos permanecerán para siempre en sus corazones. A través de ellos, su amor, su calidez y su espíritu alegre seguirán viviendo.

Su fe fue el fundamento de su vida. Con frecuencia decía “Primero Dios,” confiando en que el plan de Dios era más grande que el suyo. Aunque es difícil comprender su partida, encontramos consuelo al creer que ahora está en paz, sonriendo nuevamente en la presencia del Señor a quien amó tan profundamente.

Mariana nos enseñó a valorar cada momento, celebrar las bendiciones de la vida, poner a la familia primero y amar sin reservas. Su bondad, generosidad y entrega incondicional hacia quienes amaba son el legado que deja atrás. Aunque su ausencia deja un vacío inmenso, su espíritu seguirá guiándonos y su amor permanecerá para siempre en nuestros corazones.

Será profundamente extrañada, amada por siempre y nunca olvidada.

“Lo más importante es la compañía.”


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